El Samain (Samhai en gaélico) es una festividad de origen celta que tiene orígenes muy antiguos.
El año celta estaba organizado en torno a cuatro fiestas fundamentales de las cuales dos estarían asociadas a la apertura y cierre de las estaciones: Samain, 1 de noviembre, comienzo del invierno (estación sombría); Beltain, 1 de Mayo comienzo del verano; Lugnasad, 1 de agosto, coincidía con el inicio de recogida de los frutos y en honor al dios Lugh; Imbolc, 1 de febrero, celebración de ceremonia obligatoria.
La noche del 31 de octubre comienza el nuevo año celta y es la fiesta en honor de los muertos (invierno = oscuridad = muerte). Creían que el alma era inmortal y que en esta noche la ventana que separaba el mundo de los vivos y el de los muertos desaparecía y que la víspera de Samain las almas de los muertos regresaban a visitar sus antiguos hogares terrenales. Para mantener a estos espíritus contentos y alejar los malos de sus hogares se les dejaba comida o dulces fuera de sus hogares.
En el Samain se encendían fuegos sagrados frotando ramas de "serbal y tiexo" con estas cenizas se alimentaban los campos de todas las casas. También era costumbre tallar nabos de gran tamaño, y posteriormente calabazas. Y ponerlas a las puertas de las casas y en los cruces de los caminos (donde, tras la “adaptación” de las tradiciones al cristianismo se encuentran los “cruceiros”).

Después de que los romanos conquistaran a los celtas, estos influenciaron el mundo céltico con sus festivales a la diosa romana de la cosecha, Pamona; y más adelante con la llegada del cristianismo. Los cristianos consideraban que los celtas adoraban al diablo, aunque el diablo nunca existió en la religión céltica. En aquella época se determinó que la manera de convertir a los celtas al cristianismo era adoptando el festival de los celtas y convertirlo en uno cristiano. Así el primero de Samain se convirtió en el día de Todos los Santos de donde deriva el nombre de Halloween en inglés.
La costumbre de preparar comida para los muertos, es la que convirtió en lo que hoy hacen los niños yendo de casa en casa pidiendo dulces. Que nos parece que se ha “importado” de Estados Unidos, aunque aquí se ha mantenido. Debido a la “absorción” cultural del cristianismo, en la fiesta de todos los santos no se podía hacer digamos mucho cachondeo, y la única festividad permisiva era el Carnaval. Aún hoy en muchos pueblos de Galicia es costumbre disfrazarse y recorrer las casas de los vecinos. Cuando en tu casa recibes a visita de una especie de “Santa Compaña” (otra tradición relacionada con los muertos), debes recibirlos en tu casa (sin saber quiénes son) y darles de comer y beber (sobre todo beber). En caso de no hacerlo, atente a las consecuencias (el famoso “truco o trato”).
Además de la tradición de las calabazas, en Galicia hay una serie de costumbres ancestrales por estas fechas, como dejar un espacio en la mesa o raciones de comida para los difuntos, o hacer collares con castañas nuevas.
Respecto a las calabazas, antes de que llegara la patata, uno de los alimentos fundamentales era la castaña. La castaña fue introducida en Galicia por los romanos, y antes de ellos, la Calabaza era uno de los alimentos fundamentales. De hecho, es la estrella de algunas de las tartas más típicas de Galicia.

Revisión:
Antes de cada salida hay que revisar el contenido del botiquín, prestando especial atención a las fechas de caducidad. Para esta revisión, la mejor ayuda que podemos tener nos la proporcionará la lista de contenido.
También por supuesto, después de cada uso. Incluso debería revisarse cada vez que sea abierto. Hay organizaciones en las que los botiquines tienen un sello, y siempre que se rompa el sello, se revisa todo el contenido del botiquín.
Medicamentos:
Si tienes dudas con algún medicamento, la única persona a la que le debes pedir consejo es a tu médico o farmacéutico (tal como dicen los anuncios).
Las tijeras:
En casi todas las listas y en muchos botiquines comerciales, aparecen las tijeras como un elemento imprescindible. Analicemos por un momento el uso de estas.
Unas tijeras nos servirán para cortar tiritas, vendas, gasas, si acaso la piel rota de una ampolla y en caso de problemas serios la ropa de un accidentado (si es una tijera de verdad, claro). Si llevas una navaja multiuso, es posible que ya lleves unas tijeras encima (pequeñas, pero tijeras). Y aunque no lleves un trasto como ese, siempre deberías de llevar una navaja. Una buena navaja, con un buen filo sirve para muchas más cosas que para hacerse el bocadillo. Llévala bien afilada y no necesitarás las tijeras.
Me puedes decir, que tienes unas tijeras plegables que son muy pequeñas y que no pesan. Si, yo también tengo unas. No valen la pena. No he visto nunca una tijera plegable que sirva para algo más que para cortar el hilo que sobra cuando zurces los calcetines. Incluso las tijeras (plegables o no) que suelen venir con los botiquines (incluso cuando son productos de calidad, y por tanto caros), no son mejores que las que usan los niños en el colegio.

Y si no te ves cortando la piel rota de una ampolla con la navaja con la que te has hecho el bocadillo y has estado cortando cordinos viejos, puedes llevar una hoja de bisturí. Es estéril, corta de verdad, ocupa poco y pesa menos.
El esparadrapo:
Repitamos el proceso de análisis. El esparadrapo sirve para fijar vendajes y a veces, puede servir para proteger la piel de rozaduras. Yo nunca lo llevo. Lo que siempre llevo es un rollo pequeño de lo que se denomina “cinta americana” aunque no la considero realmente como parte del botiquín. Más bien es lo que yo denomino un “equipo multiuso de reparaciones”. La cinta americana sirve para lo mismo que el esparadrapo y para mucho más. Con ella puedes reparar casi cualquier cosa (desde una mochila a unas botas, pasando por una cremallera), y va realmente bien para los cortes y desgarros en las polainas, tiendas, y pantalones y chaquetas impermeables.

Guantes:
Como decíroslo, los guantes en el botiquín son como el casco en la escalada. Unos guantes de látex (de tipo quirúrgico) pesan muy poco y ocupan poco también. Pero te proporcionarán seguridad. No digo más.
Manta térmica:
Siempre debemos llevar una, aunque muchas personas no la consideran parte del botiquín. Como yo siempre llevo las dos cosas, dentro del botiquín ocupa demasiado, y no importa mucho que se moje, la llevo sujeta la bolsa del botiquín con una cinta de velcro. Además una cinta de velcro como esa vale para muchas cosas.
Aguja e hilo:
La aguja y el hilo son junto con algún líquido desinfectante la mejor forma de que una ampolla no te arruine el día. No deberían de faltar nunca. Además te sirven para arreglar la ropa :-).
Tiritas:
¿Hay algo que decir de las tiritas que no se haya dicho ya? Si, una cosa, si viajáis con niños, algunas tiritas de dibujos, harán que recuperen antes la sonrisa tras un “accidente”. Si no tenéis con dibujos, con un rotulador y un poco de imaginación se pueden decorar “a medida” en el momento.
Espero que algo de todo lo dicho os sea de alguna utilidad. Y como el que tiene boca se equivoca, si he metido la pata en algo, por favor indicádmelo para corregirlo.
Tened cuidado ahí afuera.

Continua: Botiquín de Montaña (IV):Actualización.
Contenedor:
El contenido del botiquín debe ir en un contendor, envoltorio, bolsa o caja que sea fácilmente identificable por cualquier persona como botiquín. Puedes comprar una bolsa específica de botiquín o puedes adaptar algo que ya tengas.

Si tienes una bolsa que puede ser adecuada, con un rotulador, pintura o incluso cinta aislante, puedes hacer una cruz (roja, o bien blanca sobre fondo rojo) para que sea identificable. Incluso, si no tienes otra cosa, una bolsa de plástico hermética (de las que se usan para congelar comida) puede servir para un apaño.
Una característica que creo fundamental es que se pueda abrir fácilmente incluso con guantes.
Además el botiquín debe ser estanco, para que su contenido se mantenga siempre seco bajo cualquier circunstancia, pase lo que pase.
Otra característica deseable sería que el botiquín fuese rígido, de forma que soporte caídas y presiones sin que el contenido se vea afectado. Aparte de las cajas metálicas de aluminio que recomienda el comité ya citado, también se pueden usar cajas de plástico (tipo fiambrera) o botes de policarbonato. Si eliges una fiambrera de plástico, asegúrate de que es estanca (no todas lo son) y que sea resistente. Las de tipo “tuperware” de toda la vida son las mejores para este uso, y las hay de todas las formas y tamaños.
Distribución:
Todo el contenido del botiquín debería estar clasificado y separado según el tipo de material. Por ejemplo, los medicamentes se pueden meter dentro de una pequeña bolsa de plástico hermética. Las tiritas en otra. Las gasas y otros materiales de curas en otras, etc. Estas bolsas además de mantener organizado el botiquín, protegen el contenido de posibles derrames de líquidos en el interior, por ejemplo, si se rompe el envase de de algún líquido que forme parte del botiquín.
Junto a cada medicamento debe incluirse el prospecto del mismo, por si surgen dudas acerca de su uso, dosis o interacción con otros medicamentos.
Lista de contenido:
Es imprescindible (y debería ser obligatorio en los botiquines que se venden), que el botiquín disponga de una lista con el contenido, pero además, en esta lista, además del nombre de cada componente y su cantidad, deben aparecer las fechas de caducidad de cada componente. Y no me refiero sólo a los medicamentos. Cualquier material estéril tiene caducidad. Incluso las vendas (si son autoadhesivas) caducan.
Esta lista nos permitirá de un vistazo, saber cuando necesitamos renovar algo del botiquín. Y si esta lista está en el exterior, mucho mejor. Cualquier persona que necesite usarlo, podrá conocer su contenido sin tener que abrirlo, y sabrá si lo que necesita está disponible o tiene que buscarlo en otro sitio.
Para evitar malentendidos, la lista que se muestra es sólo un ejemplo (vamos, que no es la de verdad).
Como habréis visto en la foto, uso una bolsa de botiquín estanca, que dispone de un pequeño bolsillo interior con una ventana transparente que me permite llevar la lista de contenido del botiquín a la vista. Realmente no se si quién diseñó este botiquín pensó en ese uso, pero es perfecto para ello. Cuando lo compré, en ese lugar venía una tijera plegable que no uso (en el siguiente artículo hablaremos de tijeras, entre otras cosas).
Continúa en: Botiquín de montaña (III): Otras recomendaciones
En todas las salidas a la montaña es imprescindible llevar siempre un botiquín adecuado. En eso estamos todos de acuerdo.
En lo que nunca nadie está de acuerdo es en lo que se debe de llevar en él. Y no estamos de acuerdo, principalmente, porque según las actividades y el lugar en que se realicen, el contenido del botiquín debe ser diferente.
También las personas somos diferentes. Por eso nunca encontraremos un botiquín que se adapte a todas las personas, a todas las actividades ni a todos los lugares del mundo.
Lo importante es “adaptar” el contenido del botiquín a la actividad, duración, lugar y personas. No es lo mismo una salida en la que sólo vamos a caminar por una pequeña montaña, a una hora de la “civilización” que una actividad que nos mantenga aislados a varias horas (o días) de poder obtener ayuda.

Tu botiquín debe tener lo necesario para tu actividad, pero que no sea tan grande y pesado que luego te dé pereza llevarlo. Es mejor un botiquín pequeño que se lleva siempre que uno muy completo que siempre se queda en el coche (o en casa).
Como yo no soy médico, ni profesional de la salud, no voy a ser yo quien te recomiende tal o cual medicamento, o si debes llevar tal o cual material de curas.
Puedes comprar un botiquín completo para “montañeros”. En general pagarás más dinero y no siempre traen los materiales adecuados. Una opción mejor es que te lo hagas tu mismo (así lo adaptas a tus necesidades).

Para preparar tu botiquín debes buscar algún contenedor adecuado (luego hablaremos de ello) y elegir los componentes del botiquín. Con una visita a tu médico o farmacia obtendrás los medicamentos que necesites. El material de curas lo puedes comprar en la farmacia o en un hipermercado (más barato, aunque a veces no de la misma calidad). 
En muchas páginas, y en muchos manuales de montaña encontrarás listas de contenido de botiquines de todo tipo (no todas correctas ni adecuadas), que podrás usar como punto de partida para hacer tu botiquín.
Si quieres una lista de botiquín algo más fiable, puedes consultar
alguno de los botiquines recomendados por el Comité Internacional de Socorro Alpino (CISA/IKAR), o por la Comisión médica de la UIAA.
Puedes descargar estas listas aquí (si falla algún enlace, por favor, avísame):
* Lista IKAR-CISA.
* Lista UIAA.
Pero tampoco te lo tomes al pié de la letra, recuerda que debes adaptarlo a tus necesidades y actividades.
En el siguiente artículo hablaremos del contenedor del botiquín y de algunas cosas más.
Continúa en: Botiquín de Montaña (II): Contenedor y distribución
Cuando visito los Ancares, aparte de los habituales corzos, es posible ver algunos otros animales (si madrugas, claro).
Entre estos, es posible encontrar caballos, águilas, ardillas, jabalís (bueno, no los he visto, pero si sus huellas), lobos (muy difícil, pero posible), y dicen que queda algún urogallo.
También dicen que un oso de la vecina Asturias, pasa por allí todos los veranos de camino a la sierra de "O Caurel".
Pero lo que es seguro que te vas a encontrar (en verano) es a especímenes de este tipo:

Son vacas semi-salvajes (algunas), que por lo que parece estan curdas ya de todo espanto. No se lo que pensarán cuando nos ven a esos extraños seres, vestidos de colores que no se sabe muy bien que andan haciendo por aquí.
Lo que si es seguro, que allí donde subas, seguro que antes ya ha subido una vaca, lo que pasa es que no tendría tarjeta de cumbre para dejar en el buzón...

