Agustín Faus. Barrabés Editorial

Un entretenido repaso sobre la historia del alpinismo entre 1900 y 1960. Con anécdotas e historia de las ascensiones de esos años, principalmente en España, Alpes e Himalaya.
Además contiene un extenso capítulo con resúmenes biográficos de los principales alpinistas de esos años.
En resumen, más que un libro de montaña clásico, es casi una enciclopedia de consulta.
Recomendable especialmente para amantes de la historia del alpinismo y la escalada, y en general para todos los aficionados a la montaña.
Supongo que alguna vez os ha pasado, que mirando material os habeis encontrado con una mochila que tenía algo que le faltaba a la vuestra. Pues tranquilos, que todo tiene arreglo.
En el brico de hoy vamos a ver como actualizar vuestra mochila con un portamaterial interior y sin que os cueste un duro.
Cuando metemos el material duro en nuestra mochila suele pasar esto:

Nos queda todo el material liado, haciendo imposible acceder al resto de las cosas que tenemos en la mochila. Y si ponemos el material duro debajo todavía es peor, puesto que el centro de gravedad queda muy bajo, desestabilizando la mochila.
Pues manos a la obra. Lo que necesitaremos sera:
- Un trozo de cordino.
- Aguja e hilo.
- Tijeras.
Lo primero será localizar un buen lugar en la mochila para coser el portamaterial, en este caso, hay una costrura reforzada que recorre todo el borde de la mochila que nos vendrá de maravilla.
Precaución: No confundir este borde, con el canal por el que va el cordoncillo que cierra la mochila.
Localizado el lugar hacemos un nudo en un extremo del cordino y lo cosemos:

Una vez cosido un extremos, tomamos medidas y cosemos el otro. En este caso vamos a hacer un portamaterial de 3 tramos. cada tramo estará separado por un nudo. Cosemos los nudos en su lugar, y listo.

Ahora podemos organizar el material de forma que podremos acceder a él sin bloquear el acceso al resto de cosas que van en la mochila.

Además, es peso estará mucho más equilibrado. Espero que os haya gustado.

Estimado Sr. Arco, a raíz de la publicación de su artículo de opinión (que no de información periodística) el pasado 9 de Agosto en el tabloide digital LAVERDAD.ES, tengo que hacerle unas cuantas apreciaciones.
En primer lugar, en su artículo, usted califica el estado de la protagonista de la historia "Anette van Houtte" como "lisiada". Si bien es cierto que lisiado es el participio pasado del verbo lisiar (o sea herir), no es menos cierto (usted, que tanto parece dominar el idioma castellano, debería saberlo) que comunmente la palabra "lisiado" se refiere a una persona herida permanentemente, lo que en este caso no se corresponde con la realidad.
En segundo lugar, hace mención al supuesto "gasto" ocasionado con su rescate. No se si usted sabrá que los miembros del GREIM nos cuestan lo mismo si están haciendo un rescate o echando una partida de dominó. Además usted, que tiene estudios (se supone) también debería saber que los gastos de los rescates son cubiertos por los seguros de las federaciones de espeleología, montaña etc.
Supongo que no se habrá usted preguntado si la accidentada estaba federada y si tenía su seguro, que hubiera sufragado los gastos del rescate si se hubiera presentado factura por ello. Pues si usted no se lo ha preguntado... yo no se lo voy a responder.
Seguidamente usted indica que Anette se quedó asustada dentro de la cueva. No sé cuales serán sus fuentes de información al respecto, pero las informaciones del resto del mundo (el real, claro, no el suyo) no indican nada de eso, sino todo lo contrario.
Y luego vuelve a la carga con los componentes de los equipos de rescate. Sepa usted, que los componentes del GREIM lo son por elección propia, no es un destino forzoso (como otros), y sí, son generosos, y mucho, mucho más de lo que usted pueda llegar a comprender nunca. Y han invertido su "tiempo" y "energía" en hacer lo que ellos creen que deben hacer. Sinceramente ellos no se merecen que una persona con tal desconocimiento de su trabajo y motivaciones intente "defenderlos" de esa manera.
Evidentemente usted no entiende las motivaciones que puede tener una persona para meterse en una cueva (o subir una montaña) y tampoco esta vez voy a ser yo quien se lo explique.Y sí, seguro que usted no conocerá esa sima, ni ninguna montaña, ni ningún paraje agreste, salvaje o solitario. Mire, mejor, así no tendremos el peligro de encontrarnos con usted en alguna de nuestras montañas favoritas (o simas) "tocando la flauta travesera".
Intenta luego abrir un debate inexistente sobre la obligación de rescatar a una persona que (y cito) "consciente o inconscientemente" se ha accidentado haciendo una actividad deportiva (sí, aunque usted no lo crea, hay más deportes que el fútbol). Pues creo que tenemos la misma obligación de rescatar y ayudar a esta persona que a un conductor en un accidente de tráfico, incluso aunque supere con creces la tasa de alcohol permitida, y también al turista que visitando al torre de hércules se acerca a las rocas (a pesar de los carteles que avisan del peligro) y se cae al mar. ¿O es que acaso pensaba que los Guardias de tráfico, los bomberos y el 061 no nos cuestan dinero?
Y se lo he explicado en castellano (más o menos correcto, que yo soy de ciencias, no de letras).
Y sí, Anette, se podía haber ido de vacaciones a Los Urrutias (aunque dudo que ella sepa que exista algún lugar de ese nombre), pero resulta que allí hay mar. ¿Y si nadando en el mar le da un calambre y el socorrista tiene que rescatarla? ¿Usted también opinaría lo mismo? ¿O es que los socorristas en Los Urrutias no nos cuestan dinero también? O aún peor, podría haberse subido en pequeño velero... uy, como actúe el helicóptero del SAR, la factura nos va a costar un h***o.
¿Y sabe otra cosa que también nos cuesta dinero? Los libros editados por los ayuntamientos que no compra nadie.
Y si el amable (y paciente) internauta que lea esto, no entiende esto de los libros, no se preocupe, estimado lector, que el señor Arco seguro que sí.
Háganos (y hágase) un favor, Sr. Arco, escriba sólo de los temas que conoce (que parecen ser sólo el flamenco y acaso algo de teatro) y de las demás cosas de la vida (que sí, que la vida es algo más), infórmese antes de meter la pata como lo ha hecho.
Y siga de vacaciones en Los Urrutias, nunca se acerque a una sima, montaña, barranco o a una barandilla, ventana o pasarela peatonal, no sea que se caiga usted y se quede "lisiado" y cuando llegue alguien ayudarle se plantee si debe ayudarle o dejarle allí mismo "convertido en un esqueleto abandonado".
Esperando no tener que leer sus opiniones otra vez, le saludo atte.
P.D. Por cierto, a 650 metros bajo tierra no pueden crecer las malvas. Casi mejor es que se apunte a una academia... a ver si aprende algo.


Sirva este humilde (y desconocido) blog, para agradecer de paso la labor (dura y no siempre reconocida) de los grupos de rescate y del GREIM en particular. Gracias.
PD: En la sección de enlaces he incluido un enlace a la página del GREIM (muy interesante).

Eres el objeto de los deseos, el motivo, el aliciente, la causa de los esfuerzos, de los madrugones, de cientos de kilómetros recorridos por carreteras de todos los tipos, de las noches sin dormir. Ansiamos el momento de llegar, sin pensar en el sufrimiento y el dolor necesario para alcanzarte.
Una vez me preguntaron, que era lo que había en la cumbre que me causaba tanta atracción. Yo sólo pude sonreír y contestar "nada".
No podría explicarlo a alguien que no ha subido nunca. Y una vez que subes, este virus se mete en tu sangre y ya no tienes curación. Estas perdido. Te has convertido en un Yonki a la búsqueda continua de la próxima dosis.
Y hay quien, cuando llega a la cumbre, lo hace con un afán de victoria, de dominación, de conquista de la montaña. Ilusos, las montañas no son conquistadas, ni dominadas, ni mucho menos vencidas, tan sólo han dejado por unos momentos acercarnos a su tesoro, su regazo, su cumbre.
Por muchas veces que subas una montaña, no te pertenece, en realidad tú le perteneces a ella, pues ella puede seguir sin ti sin inmutarse, no te necesita, mientras tú, simple humano, no puedes vivir sin ella, sin su imagen en tu memoria.
Memoria que se refresca con tus cicatrices. Cicatrices en tu corazón por los amigos perdidos, y en tu cuerpo. Señales de los zarpazos con los que la montaña, como las amantes, a veces nos recuerdan que les pertenecemos.







